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Los Mundos Paralelos






XXIII - Saber es Poder


Una vez escribí que “Saber algo que otros no saben, no significa ser superior a otros, simplemente significa, que tuve la oportunidad que otros no tuvieron, de aprender algo que otros no aprendieron. Pero si utilizo ese aprendizaje o información para generar riquezas, tanto económicas como espirituales o sociales, logro transformar ese saber en poder, y ese poder puede transformarme en líder”

El saber es poder, esa es la premisa del siglo XXI, el conocimiento es fuente de poder, por eso nos educamos, estudiamos y luchamos para que nuestros hijos se gradúen. Pero el tema es saber que hacer con ese conocimiento, que utilidad le podemos dar.

Como dijo el ex primer ministro del Reino Unido, Tony Blair “la información se ha vuelto un melodrama, los medios utilizan la información para ganar dinero, en lugar de la cobertura pura de noticias”.

Los latinos usualmente estamos desinformados, y por eso perdemos poder, sabemos mas de la vida de Luis Miguel o de Jennifer López que de las tasas de interés que nos cobran en nuestras tarjetas de crédito.

En la presente crisis quedo demostrado que, en la sociedad americana, estar desinformación tiene un alto precio que pagan quienes no saben como manejar ese poder, porque en esta sociedad el poder se vuelve evidente, cuando las personas utilizan aquello que saben para defender sus intereses, para legitimizar su posición, o para dominar o manipular a los demás.

La realidad es que todos sabemos algo que los otros no saben… el técnico de la computadora, el mecánico del auto, el medico, el jardinero, el contador, el plomero o el abogado nos hablan con palabras que ellos solo comprenden, dejándonos bajo su poder…

El tema es como hacer un buen uso de ese saber o poder, y como identificar su mal uso… ya que en muchos casos se utilizan disfraces de ángeles inocentes para ejercer ese poder, enmascarando tras el bien general la búsqueda de su exclusivo beneficio.

Por eso el mismo disfraz puede ser bueno o malo depende quien este bajo el antifaz, pero los roles siempre son los mismos: El Líder, El Experto, El Intermediario y El Aprendiz.  

El Líder: Los líderes utilizan su conocimiento para dirigir a otras personas hacia un objetivo. Cuando este conocimiento no lo poseen sus seguidores, el líder puede analizar posibilidades que aquellos no consideran o no ven, por eso a los ojos del resto del grupo aparece como alguien que sabe mas de lo que en verdad sabe, y este aparente visionario influyen en la transmisión de conocimientos como en el lenguaje, las opiniones o los temas de importancia.

Es muy fácil que algunos lideres se conviertan en dictadores, lo que ocurre es que la persona poseedora del conocimiento concentra en ella todas las decisiones, e impide que se manifieste alguna visión diferente a la suya. Como un dictador político, desestima la voluntad general e impone la suya argumentando que “sabe lo que otros no saben”, capitalizando la admiración y la confianza de sus seguidores, y cuando cruza la barrera del ego, en lugar de dirigir, manipula. Esta conducta es muy común en aquellos grupos de personas de baja cultura, que depositan sus decisiones en el líder, por confiados o por su baja estima, entonces quienes poseen el conocimiento deciden y los demás… ejecutan esas decisiones.

El Experto: Los expertos poseen una habilidad -o conocimiento- especial sobre un campo determinado. Por lo general, es una persona intuitiva que sabe muchas cosas a partir de su experiencia. Dado que la experiencia es algo intangible, el experto muchas veces se ampara en el argumento "sé hacerlo... pero no puedo explicarlo", evitando así transferir sus conocimientos. Con el tiempo, crea en torno suyo un "aura" de misterio y secreto: como todos ven aquello que hace pero nadie sabe cómo lo logra, parece que obrara "milagros". Además, su especialización le coloca en una posición de privilegio: cada vez que necesitan ayuda, las personas deben acudir al "único" capaz de resolver el problema. Así, el experto concentra la satisfacción de las necesidades de los demás y crea dependencia. Este suele ser el caso de personas con muchos años en una organización, o aquellas que tienen una respuesta para todo y un consejo disponible para los más novatos. Incluso, prefieren ser "molestadas" ante un problema que revelar la solución, porque es una forma de que todos dependan de ellos. Estas personas son reacias a formar a las nuevas generaciones, y por egoísmo o inseguridad paralizan el crecimiento del grupo.


El Intermediario: Los intermediarios manejan el poder a partir de saber quién necesita la información y para qué. Se caracterizan por tener una gran cantidad de contactos, son muy buenos para cultivar relaciones y conocer las fuentes de información. Generalmente, su función es asegurarse de que aquellos que necesitan el conocimiento o la información, la reciban en tiempo y forma. Un intermediario es muy útil en la sociedad, ya que vincula los recursos a las necesidades. Pero el problema es cuando los intermediarios funcionan como "guardianes de la información", evitando el acceso a personas y a otros recursos. Así, orientan sus influencias políticamente para decidir quién ve qué, cuándo y cómo. Cuando esto ocurre, el intermediario se convierte en un obstructor: utiliza el poder que tiene para bloquear el acceso a la información. Este es el caso de los secretarios que actúan de "filtro" con sus jefes, sin que los empleados puedan acceder a los mismos, o de las familias donde los hijos son rehenes de una guerra interna. 

Pero no sólo tener conocimiento da poder. No tenerlo -y hacer evidente esta carencia- también es fuente de poder. Esto nos conduce a un último "disfraz":

 

El Aprendiz: Todo proceso de aprendizaje parte de un acuerdo entre un maestro y un alumno, un padre y un hijo, o simplemente un jefe y un empleado. El maestro, el padre o el jefe se comprometen a transmitir su conocimiento al alumno, al hijo o al empleado, y éste a incorporarlo durante un período de tiempo.

Pero hay veces en que este tiempo se extiende inexorablemente, detrás de la consigna "aprendizaje continuo". Hay personas que están siempre más interesadas en la incorporación de conocimiento, que en su utilización. Están tan centradas en el aprendizaje, que nunca llegan a explotar el conocimiento adquirido y -como consecuencia- nunca crean un valor para si mismos ni para la sociedad. Amparadas en el rol de aprendices, muchas personas evitan comprometerse, tomar decisiones, o hacerse responsables de sus actos.

Su aparente falta de preparación y de conocimientos les permite ganar un espacio de poder en la sociedad, obteniendo protección y privilegios a la hora de evaluar el desempeño. Son las personas que siempre piden ayuda, adulan a las demás por lo que saben, o delegan las decisiones en otras. Detrás de su "humildad", hay una clara búsqueda de beneficio, porque en el fondo, su inseguridad, no les permite dejar de ser alumnos, hijos o empleados.

En la vida diaria son necesarios los líderes, los expertos, los intermediarios y los aprendices. Cada una de estas personas deberá utilizar su conocimiento para desempeñarse en su respectivo rol. Sin embargo, vimos que las personas suelen utilizar el poder que les confiere el conocimiento motivadas por otros intereses, que no responden al cumplimiento de su rol diario, si bien estos intereses son particulares, perjudican al conjunto de la sociedad.

El poder del conocimiento se debe apoyar en la colaboración, en lugar de la competencia, esto es posible porque el conocimiento es el menos "escaso" de los recursos: mientras más se da, más se reproduce, por lo tanto, no deberíamos temer compartirlo.