Primero definamos que entendemos por INNOVADOR... ya que una cosa es para los latinos y otra para los anglosajones... como vimos en los capítulos anteriores los latinos somos mas propensos a depender de estructuras mentales, sentimentales, morales, políticas o familiares, y de esa forma somos innovadores en la superficie, confiamos en la educaron o información que nos dieron y no cuestionamos a las instituciones, tanto políticas, sociales o religiosas. Creemos que salir a gritar a favor o en contra de algún líder político nos hace distintos, y no comprendemos que somos parte de la masa manipulada por esos líderes.
La definición de innovador se basa en premisas básicas:
No aceptar las cosas conocidas, adentrarse en lo desconocido.
No aceptar reglas preestablecidas, buscar caminos inusuales.
No aceptar la información recibida como valida, ser curioso.
No aceptar el pensamiento en masa, pensar absurdamente.
No importarle el que dirán, caminar contra la corriente.
No pensar en las respuestas, hacerse muchas preguntas.
No dar nada por seguro, cuestionar todo y a todos.
No conformarse, exigir y exigirse siempre más.
Confiar en las cosas que ama con pasión.
No cabe duda que los innovadores nacen con una personalidad especial.... lamentablemente el sistema educativo y laboral latino ignora sistemáticamente a estos genios y no les brinda el entorno necesario para su crecimiento y desarrollo...
El problema es que las organizaciones educativas y laborales latinas viven una situación de esquizofrenia... por un lado exigen emprendimiento y creatividad... pero castigan los errores y limitan la autonomía de sus integrantes y eso se nota en tres puntos:
1. Los latinos seleccionamos a las personas entrenadas para competir en lugar de compartir.
2. Los educadores y jefes laborales latinos buscan la perfección y no la innovación de las tareas.
3. Tanto en la escuela como en el trabajo se habla de equipo y colaboración (la base de la gestión del conocimiento) pero incentivan y premian resultados individuales.
Innovar es sinónimo de cambio y cambiar es algo que tanto el ser humano como las organizaciones resisten por naturaleza... innovar también implica mejorar, para eso hay que aprender y por tanto aceptar los pequeños fracasos como parte del proceso. Lo que ocurre es que es imprescindible arriesgar y eso significa que sin equivocarse es difícil progresar, ya que el error provoca la innovación y el aprendizaje. Por eso:
ü El verdadero innovador aprende de la práctica y error: Hasta que no hago, no sé, y si no haces, no aprendes.
ü El verdadero innovador debe ser curioso y poseer una decidida voluntad de mejorar (y por tanto de arriesgar)
La pregunta es que hacemos los latinos para incentivar a nuestros niños a ser innovadores, porque sentamos a 30 niños de la misma edad (a veces con uniforme, otras veces separados en función del sexo…) entre las cuatro paredes del aula, en filas paralelas como en una fábrica y les bombardeamos cada hora con una asignatura distinta y un profesor diferente durante 17 años ininterrumpidos.
Los niños escuchan, toman apuntes, memorizan y lo repiten en un examen. Los niños aprenden datos, conceptos y teorías porque es lo más fácil de medir en un examen. Pero no les inculcamos ni medimos las habilidades que realmente importan para vivir y para innovar no se pueden medir de esa forma tan banal.
Innovar es ser creativo y de ello depende hacer las preguntas adecuadas en el momento oportuno algo que la escuela reprime continuamente. La situación a la que más miedo tiene un profesor es a que le hagan preguntas que no pueda responder y para evitarlo, hemos llenado la educación de respuestas a preguntas que los niños nunca se hacen. La escuela trata de convencernos de que necesitamos respuestas, que hay respuestas correctas y que si las aprendemos, todo irá bien y tendremos recompensas.
La mayoría sabemos que lo esencial para enfrentar la vida como adultos no tiene apenas relación con lo que hoy se enseña en los colegios. Es una tremenda contradicción si aceptamos que casi todo lo que es útil para vivir lo aprendemos fuera de las aulas e incluso fuera del currículum formal de cualquier curso.
La realidad es que la escuela ha sido diseñada como la conocemos por motivos económicos (educación en masa y economías de escala) pero no por criterios de aprendizaje y menos de innovación. El alumno en sus primeros doce años de estudio no tiene ninguna libertad para seguir sus intereses, ningún protagonismo, es un monopolio del profesor que, no olvidemos, tiene una visión bastante fragmentada del mundo. Luego ese mismo alumno pasa a una universidad politizada, revoltosa, que no sabe ponerle limites y como un gigantesco péndulo, lo libera y le impide desarrollarse.
En este contexto, se espera mucho de lo que puedan hacer los computadores en el aula, pero allí la ventaja de los sajones sobre los latinos es abismal, los sajones ricos avanzan en donde los latinos pobres fracasan.
Desgraciadamente hemos sido educados para creer y no para dudar ni para pensar. Nuestra curiosidad innata de la infancia va mutando a través de los años en una actitud menos imaginativa y mucho menos cuestionadora. No se puede innovar por decreto ni se puede enseñar a innovar, pero sí se puede aprender.
La educación latina es de museo, apenas ha evolucionado desde los Incas o Aztecas, los niños tiene pocas oportunidades de actuar, solo de hablar, escuchar y escribir, es un entorno de aprendizaje artificial y empobrecido.
Enseñémosles a los niños latinos a pensar por ellos mismos, a hacerse sus propias preguntas y a responderlas de múltiples maneras. Las escuelas, en general, no saben hacer esto y por eso las aulas de clase se están quedando obsoletas. Es hora de innovar para lograr el éxito deseado.
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