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¡Por fin cambiaste!


5 Feb 2006

Hace unos días me encontré con alguien a quien no veía hace algunos años. Después de los abrazos, los saludos y las preguntas típicas, me dijo: “La verdad es que estás bárbaro, ¡no cambiaste nada!”. Evidentemente, él no estaba igual, ya que por lo que dijo me di cuenta de que al menos la vista le fallaba bastante. Pero acepté la idea, supuse que quería sugerirme que yo tenía la misma pancita de antes, todo el pelo, color gris pero mío, y así sucesivamente. Digamos que por lo menos me mantenía.

Pero esta frase en lugar de alegrarme me entristeció, porque me imagine presentándome ante el Creador en función del balance anual espiritual en el que todos somos juzgados y, esperamos ser perdonados por nuestros pecados, lo ideal sería que Dios nos mire y nos diga: “La verdad es que estás bárbaro, ¡cambiaste un montón!”.

Recuerdo en el libro del Éxodo, el Faraón les pide a Moisés y a Aarón cuando recién se presentan ante él: “Muestren algún portento para ustedes”. ¡Qué extraño! Lo lógico habría sido que le pidiera que le muestre alguna maravilla para ellos. Pero el Faraón era muy astuto, conocía a los magos egipcios, y sabía que maravillaban y dominaban a otros a través de sus trucos. Pero el mago que es capaz de hacerlo consigo mismo, eso es otra cosa. Sabía bien que para que alguien sea respetado, esa persona, más que sorprender a otros, debía tener la sabiduría de poder sorprenderse a sí mismo.

El problema que tenemos con la idea de descubrirnos distintos es que, en general, pretendemos modificar a los demás, sin darnos cuenta de que a duras penas, tan sólo podemos hacerlo con nosotros mismos. Deberíamos tener colgado en nuestras casas y trabajos el cartel que existe en los bancos “Revise el cambio antes de irse”. Porque bien vale la pena revisar lo que hacemos con nuestros cambios, y lo que dejamos de cambiar por no animarnos.

 Partamos de un aspecto muy importante que deberás tener en cuenta, si en verdad quieres gozar de una vida exitosa en todos los sentidos… es que tú, y solo tú, tienes el control y el poder de cambiar tú futuro. Lo que estás viviendo y experimentando hoy, es el resultado de tus decisiones pasadas, de tus acciones mentales y físicas de ayer… Tú eres y serás el único responsable de tu éxito o tu fracaso…

 

No hay misterios

Si hoy estás experimentando un éxito rotundo y una satisfacción plena, es gracias a ti, y si por el contrario, te sientes fracasado y frustrado porque no has conseguido lo que querías, si te sientes vacío e insatisfecho del lugar en el que te encuentras hoy, no deberías culpar a los políticos que te gobiernan, ni señalar con un dedo a los directores y jefes que te dirigen, ni a Dios…Tampoco es culpa de los astrólogos, adivinos o curanderos a los que has consultado, ni de los asesores, profesionales y expertos que te han guiado… ni mucho menos es responsabilidad de tus familiares o amigos, ni tampoco de tus enemigos. Acéptalo… es tu única responsabilidad.

Si quieres aceptar esta idea, y créeme que te convendría hacerlo, y asumes que tu eres responsable del lugar y situación en la que te encuentras hoy, eres también, por defecto, el responsable de lo que pasará con tu vida mañana…

¿Qué quieres que pase con tu vida, por ejemplo, en el 2006 o 2007? ¿Qué es lo que quieres experimentar y en qué tipo de persona te gustaría convertirte? ¿Qué éxitos personales y/o profesionales te gustaría cosechar? ¿Como sería un 2006 excelente para ti?

Define qué es lo que quieres que pase con tu vida y ve a por ello. Recuerda que depende sólo de ti. Apártate de esa “peligrosa, falsa y mediocre comodidad” que se enmascara en el mal hábito de seguir haciendo lo mismo, aunque no te llene. El viejo refrán de que “más vale malo conocido que bueno por conocer”, no funciona, y muchísimo menos si se trata de tu vida, y del escaso tiempo que tienes para vivirla y cumplir tu misión.

Es importantísimo que tengas una visión lo más clara y amplia posible, de lo que verdaderamente te gustaría que pasase con tu vida y que tuvieses la certeza de que eso que has elegido, te colmará de verdadera satisfacción personal. Descúbrelo y ve a por ello.

Establece metas que te permitan experimentar la sensación de estar en buen camino; define cuáles son los indicadores que cada día, semana, mes y año te deberían gritar... “Sigue así amigo, que vas bien”.

Para ello define cuál es tu visión respecto al tiempo libre y al dinero que quieres. En un plazo de tres años aproximadamente, ¿cuánto dinero te gustaría que te reportara tu negocio, empleo o profesión, y de cuánto tiempo libre te gustaría disfrutar? Toma como referencia tu realidad actual e intenta marcarte un objetivo con el que te sentirías muy a gusto una vez alcanzado. Por ejemplo, si hoy trabajas 200 horas mensuales y tienes unos ingresos medios de $ 3.000 ¿Cómo te gustaría que cambiasen éstos valores en tres años? ¿Qué quieres ser, tener, hacer, experimentar y compartir, cuando tengas todo ese dinero y tiempo libre para disfrutarlo?

Partiendo del principio de que el dinero sólo sirve como vehículo para comprar o experimentar ciertas sensaciones, emociones y/o estados de ánimo, ¿Qué emociones te gustaría poder experimentar en tres años, cuando dispongas del tiempo libre y el dinero que has determinado?

Pero también deberías evaluar de manera rigurosa, si lo que te has propuesto es coherente con aquello que valoras y es importante para ti. Piensa que cada meta, no es más que un vehículo para que puedas experimentar lo que más valoras en tu vida. Por ejemplo: Libertad, crecimiento, salud, amor, amistad, aventuras, paz, interactuar con la naturaleza, contribución, diversión, etc…

 

Cambiar es el objetivo

Recuerda que el objetivo es cambiar para mejor, y para ello deber dar el primer paso, no hay nada de malo en establecer metas y no alcanzarlas… lo verdaderamente importante y enriquecedor, es todo lo que ocurre a lo largo del camino… la “verdadera desgracia y frustración”, no consiste en no alcanzar las metas que te hayas propuesto, lo verdaderamente triste y dramático, es no tener metas que perseguir, o tener metas tan insípidas y tímidas, por las que apenas valga la pena levantarse cada día.

Confía en ti, recuerda que las personas de éxito tienen las mismas veinticuatro horas diarias que tu, los mismos trescientos sesenta y cinco días por año que tu, respiran el mismo oxígeno que tu, viven en la mismo tiempo y planeta que tu, tienen un cerebro y una mente con el mismo potencial que tu, y están hechos del mismo material que tu. La única diferencia es que ellos saben que quieren y están convencidos que merecen lo mejor y que pueden conseguirlo, que todo depende de ellos, de sus acciones mentales y físicas.

Piensa que en enero del 2007 deberás mirarte al espejo y decirte: “La verdad es que estás bárbaro, ¡cambiaste un montón!”.