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I - ¿Globalización o anti-globalización?

 

En este tiempo el mundo gira mucho mas veloz que de costumbre, creciendo a pasos agigantados, USA ya llego a los trescientos millones de habitantes, China a los mil seiscientos, India a los mil doscientos millones y en Europa han superado los mil millones de personas quienes transitan por sus calles, y todos ellos necesitan comer y vestirse, pero los países que habitan no logran abastecer con su producción tanto consumo, y tratan de absorber, como si fueran gigantescos pozos negros la producción mundial. El problema es que los países latinoamericanos seguimos estancados en discusiones infantiles, con una peligrosa inclinación hacia la izquierda setentista y de puertas cerradas, donde aplauden que alguien grite en las Naciones Unidas que el presidente Bush es “El diablo” y le encienden las velas de la esperanza a los “Santos” de Chávez, Castro, Morales, Lula, Kichner y Ortega. 

 

Puertas Cerradas

He notado últimamente que en América Latina impera una corriente aislacionista que sostiene que podemos arreglarnos solos y que la globalización parecería ser el origen de todos nuestros males actuales. Entonces me pregunto que paso hasta ahora, ¿Si estuvimos aislados y seguimos pobres, no será la hora de abrirnos?

Quien hubiera estudiado un poco de economía sabe que toda política que tienda a aislar comercialmente a un país, y en este caso a Latinoamérica del resto del mundo tiene por objetivo reducir la oferta de bienes entre los que puede optar el consumidor. Es decir que en una política aislacionista como la que se intenta implantar se reduce artificialmente la variedad en calidades, modelos y precios de los artículos a consumir.

Por lo tanto, si la oferta es reducida artificialmente, lo lógico es que los precios aumenten, y su consecuencia es que el salario real disminuye dado que el consumidor tiene que destinar una mayor parte de su ingreso para comprar la misma cantidad de un determinado producto, y si analizamos el mayor precio por la menor calidad, la caída en el nivel de vida de la población es aún mayor.

Por supuesto, como Usted lo dedujo, las empresas en países con economía cerrada les venden a los consumidores sus productos a un precio más caro y de menor calidad, es decir que curiosamente, el supuesto progresismo de los gobiernos que defienden la antiglobalización tiene como resultado una transferencia económica de los sectores de menores ingresos (medios y pobres) hacia los de mayores ingresos (ricos).

 

El dólar y el euro es la bandera nacional de las empresas

El argumento de los gobiernos populistas y de los sindicatos que se escudan en los falsos antiglobalizadores, es que el comercio internacional destruye puestos de trabajo y que impide el desarrollo de una industria nacional. Pero nadie dice que en el siglo XXI no existe tal cosa como una industria nacional, porque las empresas son propiedad de personas o de consorcios, es decir, son propiedad privada, con directores ejecutivos que deben rendir cuenta a los accionistas que no tienen banderas, tienen acciones que buscan utilidades, es decir buscan dólares o euros.

Cuando algunos gobiernos populistas latinoamericanos dicen que se cierran al mundo para disminuir las importaciones, no dicen que también disminuyen las exportaciones, porque sólo si una empresa es sometida a la competencia buscará ampliar los volúmenes de producción, mejorar la calidad de sus productos y lograr precios competitivos. La sola obligación de competir para no ser desplazado por los competidores sienta las bases de la exportación, particularmente para el caso de Latinoamérica dado que el mercado interno no tiene volumen suficiente como para poder absorber grandes producciones. En consecuencia, si una empresa que produce localmente quiere sobrevivir en un modelo de globalización tendrá que invertir para ser más eficiente. Eso la convierte, automáticamente, en competitiva y con grandes chances de exportación, de otra forma queda navegando en un lago cerrado, es decir en aguas putrefactas.

 

La globalización en América Latina

Deliberadamente, en Latinoamérica se ha publicitado la globalización como madre del endeudamiento externo de los Gobiernos, o se pretende hacer creer que la globalización es el mal que provoca la pobreza, cuando esta existe desde mucho antes. Nada tiene que ver esto con la verdadera integración al mundo, la globalización nada tiene que ver con el gasto público descontrolado, o la corrupción descontrolada, lo que me preocupa es la creciente postura aislacionista que beneficia a los gobiernos y empresas corruptas que, de acentuarse, no haría otra cosa que mantener la larga tendencia decadente de Latinoamérica.

En el contexto Mundial de países globalizados los latinoamericanos recién aparecemos en el puesto 27 que ocupa Panamá, el 34 de Argentina, Chile en el 37, México en el 45, Colombia en el 50, Perú en el 52, Brasil en el 53 y Venezuela en el 58, según el estudio de AT Kearney presentado en México. El informe analiza el índice de 62 naciones que representan el 84% de la población mundial y el 96 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) global y mide el nivel de integración económica, social, política y tecnológica.

Por ejemplo los datos a tener en cuenta en la globalización son el tráfico telefónico e Internet, para el primero, el tráfico telefónico internacional se incrementó en 15.000 millones de minutos, para alcanzar un total de más de 21 minutos por persona. Y en el caso de Internet se sumaron 200 millones de nuevos usuarios, alcanzando un total mundial de usuarios de Internet de 1.000 millones, el 15% de la población mundial.

Los cinco países más globalizados del mundo son Irlanda, Singapur, Suiza, Holanda y Finlandia, seguidos por Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Austria.

Como vemos Panamá, Argentina y Chile son las naciones más globalizadas de América latina, mientras que Perú, Brasil y Venezuela son las economías más cerradas de la región, ninguno de estos países se parecen entre si, ni se parecen entre si Irlanda, Singapur o Suiza. Entonces comprendemos que la globalización no es la culpable de sus problemas, pero cuando la globalización es parte del proceso económico nacional, esto repercute en el comercio, la inversión, el progreso y el nivel de vida de la población.

No tengo dudas que en las globalizadas Suiza, Holanda, Irlanda, Canadá o USA se vive mejor que en Latinoamérica, en donde la corriente antiglobalización es inducida por las grandes corporaciones que se quedan con el comercio cautivo interno de cada país o de economías regionales, con el pretexto de la satanización como si hasta ahora todo hubiera sido floreciente y por culpa de la globalización comenzaran el hambre y la desocupación.

Tal vez es exactamente lo contrario y por tener economías cautivas y dependientes del estado nos va tan mal, será hora de globalizarnos y copiar a los que le va bien para mejorar de una vez y para siempre el nivel de salud, educación y seguridad de nuestros compatriotas en los países latinoamericanos.

Cesar Leo Marcus



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