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Artículos de César Leo Marcus > Jorge Luis Borges, memoria e infinito

El escritor que convirtió bibliotecas, espejos y laberintos en una filosofía

Jorge Luis Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986, pero su literatura parece escrita para un mundo que todavía no existía, imaginó bibliotecas infinitas, memorias incapaces de olvidar, libros que contenían todos los libros y objetos donde podían contemplarse simultáneamente todos los puntos del universo, ideas que hoy dialogan de manera inesperada con las redes digitales y la inteligencia artificial.

Tuve la oportunidad de conocerlo en Buenos Aires durante 1975, cuando un pequeño grupo se reunía para escucharlo hablar sobre Kabbalah, sufismo y tradiciones filosóficas, conversar con Borges significaba ingresar en una biblioteca sin paredes, relacionaba autores, símbolos y épocas con una naturalidad que convertía la erudición en relato.

La ceguera y la biblioteca interior

La pérdida progresiva de la vista no redujo su universo, lo obligó a trasladarlo hacia la memoria, los libros que ya no podía leer permanecían dentro de él como estructuras, ritmos y voces, esa limitación transformó su escritura y fortaleció su interés por los laberintos, los dobles y los textos transmitidos mediante versiones sucesivas.

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La Kabbalah lo atraía porque proponía una relación secreta entre letras, números y creación, la idea de que el universo pudiera leerse como un texto coincidía con su intuición de que cada palabra abre caminos hacia otras palabras. Borges no abordaba estas tradiciones como un predicador, las exploraba como posibilidades intelectuales capaces de ampliar la imaginación.

El Aleph de nuestro tiempo

En El Aleph describió un punto donde podían verse todos los lugares sin confundirse, la imagen se parece a nuestra experiencia contemporánea de acceder desde una pantalla a mapas, bibliotecas, imágenes y voces de casi todo el planeta, pero Borges también comprendió el peligro de la totalidad, ver demasiado no significa comprenderlo todo.

Su permanencia no depende de una novela monumental, sino de textos breves que continúan creciendo dentro del lector, Borges demostró que una página puede contener siglos y que la literatura no necesita explicar el misterio para volverlo visible, quizá por eso su obra continúa pareciendo futura, porque cada generación encuentra en ella un espejo distinto y descubre que el laberinto siempre estuvo construido con sus propias preguntas.

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César Leo Marcus

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