Quien controla los datos puede condicionar gobiernos, empresas y ciudadanos
Un país puede tener bandera, Constitución, fronteras y gobierno propio. Pero ¿puede considerarse plenamente independiente si sus datos, comunicaciones y servicios esenciales dependen de empresas extranjeras?
La soberanía digital es la capacidad de una sociedad para decidir cómo utiliza la tecnología, dónde almacena su información y quién puede acceder a ella. No significa aislarse de Internet ni rechazar la cooperación internacional. Significa evitar que las decisiones fundamentales queden en manos de sistemas que el país no comprende ni controla.
Cada búsqueda, compra, recorrido y conversación produce datos. Aislados parecen insignificantes; reunidos permiten conocer nuestros hábitos, preferencias, temores y relaciones. Por eso los datos se han convertido en uno de los recursos más valiosos del mundo contemporáneo.
La inteligencia artificial necesita esa información para aprender. Los datos pueden servir para mejorar diagnósticos médicos, organizar el tránsito, detectar fraudes y simplificar trámites. También pueden utilizarse para vigilar ciudadanos, influir en elecciones, discriminar personas o imponer determinadas formas de consumo.
La OCDE sostiene que compartir datos para desarrollar inteligencia artificial debe equilibrarse con la privacidad, la propiedad intelectual y los derechos individuales. El problema no consiste únicamente en cuánta información se recopila, sino en quién la utiliza, con qué finalidad y bajo qué controles.
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Para conservar soberanía digital, un país necesita infraestructura confiable, especialistas, leyes actualizadas y capacidad para auditar los sistemas que compra. No todos podrán fabricar los chips más avanzados, pero todos deberían comprender qué información entregan y qué decisiones delegan.
También los ciudadanos debemos asumir una responsabilidad. Al aceptar condiciones que no leemos, entregamos pequeños fragmentos de nuestra identidad. A cambio recibimos comodidad, pero rara vez sabemos cuánto poder estamos cediendo.
¿A quién pertenecen los datos que producimos diariamente? ¿Debe una empresa poder utilizarlos para fines que nunca imaginamos?
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Este conflicto entre tecnología, información y poder se desarrolla en IA: El poder sobre el poder.
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César Leo Marcus
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